Mi vida de nómada digital en Zagreb, como petsitter
Mi vida de nómada digital en Zagreb: crónica de mis dos meses ahí haciendo petsitting con TrustedHousesitters, la rutina real de trabajar remoto día por día en esta estancia larga.
5 min de lectura
Ya conté en otro artículo cómo funciona el housesitting y por qué elegí Zagreb para esta estancia larga de dos meses. Acá quiero contar otra cosa: cómo es realmente el día a día, la rutina que se arma cuando dejás de ser turista de paso y empezás a tener una vida cotidiana en una ciudad nueva, aunque sea temporal.
Dos meses es tiempo suficiente para dejar de mirar el mapa todo el tiempo y empezar a moverte de memoria. Para tener un café favorito, un supermercado de cabecera, una rutina con los gatos que cuidaba (junto con mi pareja) que ya no necesitaba pensarse.
Este artículo es esa crónica: el pulso diario de vivir en Zagreb haciendo petsitting, más allá de los datos prácticos del housesitting que ya expliqué en otro lado.


Mi experiencia
Los primeros días en cualquier housesitting son de adaptación: conocer a la mascota, entender sus rutinas y manías, ubicar los negocios cercanos, entender cómo moverme por el barrio. En esa casa de Zagreb cuidé a dos gatos, Jerry y Peanut, y esos primeros días fueron más de observarlos a ellos que de imponerles una rutina mía: entender sus horarios, sus escondites favoritos, cuándo querían compañía y cuándo preferían que los dejara tranquilos.
Con ellos terminé de entender algo que no había vivido tan de cerca hasta esa estancia: el cariño particular que da un gato, tan distinto al de un perro, pero igual de real.
Después de esa primera semana, la rutina se asentó: trabajaba todo el día desde una de las habitaciones, y Peanut venía cuando quería unos mimos, se me subía arriba, me daba un ratito de brazo y después se bajaba y se quedaba igual acompañándome desde un costado — me fascinaba su manera de actuar. Con mi pareja armamos un ritual fijo que repetíamos todos los días ahí: íbamos al gimnasio juntos, y de ahí en más tratábamos de hacer rutina en la zona donde estábamos, como si fuéramos locales, en vez de vivirlo como turistas de paso.
Lo que más valoro de esa estancia de dos meses, comparada con una visita de unos días, es la posibilidad que da de vivir la ciudad sin la presión de tener que ver todo: llegué a saber cuál puesto del mercado de Dolac tenía la mejor fruta, qué café tenía mejor wifi para las mañanas de trabajo pesado, y caminaba la zona como si fuera mía. Es una relación con la ciudad que ningún viaje corto te puede dar.
Y hay algo más personal que me dejó esta estancia: siempre me consideré más de perros que de gatos, y nunca tuve problema en cuidar un gato si tocaba, pero después de estos dos meses con Peanut y Jerry hasta reconocería que en algunos sentidos son mejores mascotas que un perro. Un perro es una responsabilidad que está mucho más presente, casi como la de un hijo; un gato es más independiente, y esa independencia es justo lo que más me terminó conectando con ellos.


Información práctica
Cómo se arma una rutina real durante un housesitting largo:
- Los primeros días son de adaptación pura: no esperes ser productiva al 100% enseguida, dale tiempo a entender la casa, la mascota y el barrio.
- Fijate horarios de trabajo remoto que convivan bien con la rutina de la mascota (comida, momentos de compañía o, si es un perro, paseos), en vez de pelear contra esos horarios.
- Buscá un café o espacio fijo para trabajar cerca de la casa — tener un lugar de referencia ayuda mucho a sentir que vivís ahí, no que estás de paso.
- Aprovechá los fines de semana o días más tranquilos para conocer excursiones cercanas (en el caso de Zagreb, los Lagos de Plitvice son una excelente opción a un par de horas).
- Coordiná bien con los dueños de la casa cualquier imprevisto (salud de la mascota, algo roto en la casa) apenas pase — la comunicación fluida evita problemas mayores.


Lo bueno
Una estancia larga te da una relación con la ciudad que ningún viaje corto puede igualar: rutinas propias, lugares favoritos, la sensación de vivir en vez de visitar.
Compaginar esto con trabajo remoto es totalmente posible y, para mí, es la combinación que más disfruto de toda mi vida nómada.
Lo difícil
Dos meses en un mismo lugar también implica extrañar cosas de otros lados, y a veces la rutina se siente repetitiva. Cuidar una mascota ajena es una responsabilidad constante: no hay días completamente libres de esa tarea.
Y adaptarte a las reglas y costumbres de una casa que no es tuya requiere cierta flexibilidad que no todo el mundo tiene entrenada.


Si nunca probaste una estancia larga de housesitting, te recomiendo animarte con un destino tranquilo y manejable como Zagreb para la primera vez.
Mi consejo es que no llegues con la expectativa de hacer turismo todos los días: dejá que la rutina se arme sola, y vas a terminar conociendo la ciudad de una forma mucho más genuina que cualquier visita corta.

Preguntas frecuentes
Recursos y enlaces mencionados
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